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domingo, 24 de abril de 2011

HUNGRÍA SIN COMPLEJOS

San Esteban, Rey de Hungría


Cristianos sin complejos. Todo un ejemplo

Muchos lo ven como un signo del cambio. Al tiempo que desempeña este semestre la presidencia de turno de la Unión Europea, el gobierno húngaro ha procedido a renovar su envejecida Constitución, vigente desde 1949, y en la que sólo se habían introducido retoques tras la caída del comunismo.

Este lunes, el ejecutivo de Viktor Orban, con el voto de dos tercios del Parlamento de Budapest, que tradujeron el respaldo de su partido, Fidesz, y de los cristiano demócratas, sacó adelante un texto que ha sacado de sus casillas no sólo a la izquierda magiar, sino a los progres de toda Europa, pero que según las encuestas apoya una gran mayoría de la población.

La nueva Constitución no sólo es restrictiva respecto al aborto ("la vida del feto se protegerá desde la concepción hasta el nacimiento") y el matrimonio y la adopción por homosexuales, sino que arranca con el siguiente texto:

Dios salve a Hungría.

Nosotros, el pueblo de Hungría, conscientes de nuestra responsabilidad, decimos lo siguiente a todos los húngaros, en este principio de milenio:

- Estamos orgullosos de que nuestro rey Esteban, santo patrón de Hungría durante mil años, haya fundado sobre buenos cimientos nuestra patria, incorporándola a la Europa cristiana.

- Estamos orgullosos de nuestros antepasados, que pereveraron en ella y lucharon por la libertad y la independencia de nuestra patria.

- Estamos orgullosos de los grandes logros espirituales del pueblo húngaro.

- Estamos orgullosos de que nuestro pueblo haya defendido Europa durante mil años, y que sus valores comunes se hayan enriquecido con sus talentos y sus esfuerzos.

- Reconocemos el papel del cristianismo en la pervivencia de la nación.

lunes, 2 de noviembre de 2009

SIN MIEDO A LA MUERTE


Carta de un soldado a Dios

“Escucha, Dios... Yo nunca he hablado contigo. Hoy quiero saludarte: ¿Cómo estás? ¿Tú sabes...? Me decían que no existías y yo... -¡tonto de mí!- creí que era verdad. Yo nunca había mirado tu gran obra, y anoche, desde el cráter que cavó una granada, vi tu cielo estrellado. Y comprendí que había sido engañado.


“Yo no sé si Tú, Dios, estrechas mi mano, pero, voy a explicarte y comprenderás... Es bien curioso: en este horrible infierno he encontrado la luz para mirar tu faz. Después de esto, mucho qué decirte no tengo. Tan sólo me alegro de haberte conocido...

“¡La señal...! Bueno, Dios, ya debo irme... Me encariñé contigo... Aún quería decirte que, como Tú sabes, habrá lucha cruenta... Y quizá esta misma noche llamaré a tu puerta. Aunque no fuimos nunca amigos, ¿me dejarás entrar, si hasta ti llego?

“Pero... ¡si estoy llorando! ¿Ves, Dios mío? Se me ocurre que ya no soy tan impío... Bueno, Dios, debo irme. ¡Buena suerte! Es raro, pero ya no temo a la muerte”.

(Carta encontrada en el bolsillo de un soldado americano destrozado por una granada durante la 2ª Guerra Mundial).


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